Mírate, te ves tan frágil recostada sobre el café
con el lápiz hundido en la cien.
Asómbrate de la inocencia de tu suspiro
de la erosión que provocas sobre mi brazo al tocar el papel,
mientras te observo y te como la inspiración.
Sentada en lo alto del cielo, te trastocas los cabellos
contemplando la maravilla de Dios
para plasmarlo en el lienzo de tus ojos
Tranpapeleo de la infancia, garabatos filantrópicos
connotadores de una ternura exquisita.
Tócate y siéntelos, como yo los veo:
Como cuadro de Rubens, como apología de tu existencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario