domingo, 14 de julio de 2013

The L Word time.

"-¿Está de acuerdo en que los códigos
militares de conducta sean respetados?

-Siempre lo he estado...Hasta este momento. Una de las cosas que nos piden cuando vamos a una zona conflictiva, es que nos preparemos para separarnos de las personas que amamos
y también se los pedimos a ellos, les pedimos que nos permitan ir a luchas  por su libertad; algo de lo cual tal vez nunca regresemos. 
Y cuando volvemos a casa, nos sentimos bienaventurados. Me parece un gran error que ahora me denieguen mi  libertad personal en mi propio país.
Me parece un error ver a la persona que amo siendo interrogada como un criminal cuando no ha hecho nada malo"

Capitán Tasha Williams. 
The L word temp-5, cap 9.

viernes, 12 de julio de 2013

Carta a mi primer amor:

Sé que será extraño, pero cuando tenía ocho años me enamoré. Ella no era ni fea ni bonita, ni rubia ni morena. A esa edad pocas cosas importan. Fue tan inocente que ni siquiera sabía que era amor, y hasta ahora podría decir que he descubierto que me enamoré sin ser adolescente. Una parte de mí, se alegra de que el primera amor haya sido esa niña y no mi ex novio de sexto de primaria. Mi subconsciente, como diría Freud, bloqueo esa pulsión para impedirme un desorden mental. O simplemente lo guardé por temor a aceptarme.
 Me encontraba en un universo de amor lúdico, que me movía al compás de los tazos estrellados en el concreto y el sonido del bote volado al impactarse contra el piso. Eramos amigas, como todas las niñas de ocho años que juegan juntas. Pero cuando nuestros labios se tocaban, algo en mí, un sabor extraño me llenaba la boca, era un sabor a chocolate, posiblemente Carlos V o a papitas de queso, no lo sé, siempre era un sabor distinto que me impregnaba de una desconocída alegría . Ahora sé, y puedo asegurar que era el sabor del amor en estado puro, de una inocencia exquisita y una naturalidad inexistente en el consciente adulto. Donde tomarse las manos no era pecado y no nos hacía diferentes, acariciar su cabello y sumergirnos para besarnos en  aquella alberca que ponía mi abuela durante los veranos, no estaba mal. Para nosotros era como ser sirenas, regalándose  besos acuáticos. Yo era el pobre marinero náufrago que era rescatado por la hermosa sirena, que con un beso de amor lo regresaba a la vida. Teníamos una idea muy cursi de lo que era un sirena. Y no concebíamos que estaba mal besar a alguien para salvarle la vida.  Nos gustaban los besos bajo el agua, besos húmedos que perdía el sabor a infancia; mientras yo contenía la respiración y esperaba que me rescataran sus pequeños labios morados postrándose sobre los míos. El contacto de nuestras manos era una hermosa presión que se sentía bien, simplemente se sentía bien y no buscaba repetirla, con los instantes bastaba.

Al crecer los besos dejaron de tener una sinceridad auténtica. Ahora eran más mojados, besos que bajo el vientre se acaudalaban en la parte más "impura" del cuerpo. Fue entonces cuando dejamos de hacerlo. El sabor daba miedo, y sentíamos tanto el peso de Dios en nosotras que llegamos a la conclusión de que eso que hacíamos, no estaba bien. Nos despedimos con un beso oculto, no quiero decir que antes no nos ocultáramos, pero esta vez se sentía el vértigo, el peligro latente de ser descubiertas en la penumbra, mientras tocábamos nuestros cabellos y juntábamos nuestras bocas, resbalando un hilo inexperto de saliva que vacilaba en la barbilla.  Ese día estábamos ocultas, bajo una lona que cubría un montón de bicicletas descompuestas.Su abuelo y su abuela tenían un puesto de juguetes en el centro de la cuidad. Ocultas entre el olor a llanta y fierro oxidado nos besamos por última vez. Sus abuelos escucharon los murmullos en aquel patio trasero y fueron a revisar, nos separamos de inmediato y escuchamos decir a su abuela:´
 -Deben ser Brenda y Sergio.
-¿Otra vez esos cabrones?-. exclamó su abuelo.
¿Acaso no eramos las únicas que se ocultaban un amorío inocente? Nos descubrieron tímidas bajo las lonas negras que con el rocío de una llovía anterior empezaban a causarme claustrofobia. Me despedí con un frío adiós, después de eso nos dejamos de frecuentar, dejamos de jugar y de tener ocho años.

Tiempo después volví a verla. Ambas ahora eramos distintas, ella  no muy alta, de tez morena y mucho más agraciada que cuando era niña. Me sorprendió ver cuánto me importaban ahora esas cosas. Me impresionó aun más su vientre abultado y la indiferencia con la que se volvió a mirarme. 
Salió de la tienda como si hubiera visto un fantasma, el fantasma de su primer beso. Su primer y tal vez único beso con una mujer. Ahora todo tenía la claridad y el pudor que se necesitaba para sentirnos incómodas una enfrente de la otra.

Jazmín, nunca volvió a dirigirme ni un hola y olvidó decirme un adiós. Supongo que así es como debe superarse al primer amor.





Dedicado a Fer y Sam. El primer amor es inolvidable. 

viernes, 7 de junio de 2013

Bastaría con tocar tus suaves
pétalos trémulos que endulzan las desgracias más atroces.

Bastaría detener las miradas, besarnos a escondidas,
azarosa cúspide de la hermosura transgresora.

Mujer, yo también soy como tú
entre las manos llevo el pecado.
También me duele tu ausencia,
cautiva de la normatividad.

Bastaría tenerte un instante, para engrandecer mi pecho
del orgullo que siento de amarte y ser amada.
No le temo al temor, pero lloro porque el temor
que te hace daño y me da rabia que por el temor
de hacer "el mal" el amor quede de trasfondo.

Bastaría con una bella jugarreta del viento,
traerme el olor de tu cabello en las mañanas,
con los rayos del aura sean suplidas tus caricias,
un parpadeo de tus ojos, con eso basta.

Bastarían muchas cosas, pero contigo es suficiente.

A punto de...

Sea tal vez que no te gusta que te diga "vatillo",
que no sea yo la mujer tarda, la forma casual del empaque que te gusta.
Debió ser mi sonrisa, estruendo sonoro
el arco y flecha de mis labios.
A lo mejor fue mi mirada, o esa caguama que llevo en el brazo,
como sacro sable.
"sí, la amo más a ella que a ti, cabrón."

Puede que no te gusten mis manos, o las constelaciones sosegadas
que se forman bajo mis ojo. Esas formas que seguro besas sin importar que tengan o no
residuos de alcohol.

Llegas y te vas, como los marineros,
Me cantas un o dos versos, aun crees que las rosas
detalle precoz, sentido de embelesamiento en palabras sin sentimiento,
 crees que soy pez y muero por la boca
te equivoca, con el consuelo en otros labios, porque la vida
es solo una,

Y aunque el corazón se aflige, en mi texto se escribe  un "apunto de..."

sábado, 1 de junio de 2013

Criaturas Celestiales/ Heavenly creatures (1994)

"Es un milagro que esas dos criaturas celestiales sean verdaderas, sus ojos tan diferentes ocultan misterios extraños. De los ojos marrones brilla el odio ardiente; la helada burla  centellea en los ojos grises despectivos y crueles.

¿Porque los hombres son tan  locos que no comprende la sabiduría que se esconde en esos ojos?

y esas personas maravillosas somos tú y yo." 






Melanie Lynskey y Kate Winslet 

miércoles, 29 de mayo de 2013

Me quedo

Me quedo con las ganas y no culpo al tiempo
ni a los manojos de piedras que han turbado mis pasos.
Me quedo con las ganas de esos besos trémulos
del sabor supuesto, de esas ganas que solo yo creía.

No veo el mal vivir en las cosas
siempre me queda la contemplación,
y aquella mística zozobra.

Solo se han de ir conmigo los recuerdos
las visiones del futuro sublevadas,
en lo más alto del cielo
       siento el tiritar de los cristales.
Allá arriba la cosas no se olvidan
forzosamente las llevo conmigo.

Al menos me queda tu alegría metálica. Tus ojos de madriguera
que abrigan a lo desconocido, al amor que hoy se presenta.

Me quedo con la ilusión, con la contemplación
de tu felicidad etérea.




   Resolución de la precaria condición sentimental
en los momentos de rutina. 

lunes, 20 de mayo de 2013

Matrimonios y familias homoparentales


Subversión[1]  de la familia tradicional: el ideal de la igualdad y las nuevas  formas de convivencia.


 La tradición de las familias patriarcales y la concepción simbólica  y cultural de “lo natural”, así como la estructura familiar basada en cuanto a roles de género,  han limitado la instauración de nuevas formas de familia  dentro de la sociedad contemporánea; esta nueva visión se mantiene en la búsqueda constante del matrimonio igualitario entre parejas del mismo sexo. Desprendiendo un gran debate sobre el matrimonio civil entre parejas homoparentales o en proceso de serlo. Dentro de este llamada minoría,  existen distintos discursos en los que parte de ellos emprende su búsqueda por la igualdad como un derecho humano innegable ante la sociedad, más existen otros discursos que creen que el matrimonio es un lazo innecesario. Un asenso vertiginoso a caer en formas y preceptos diseñados para el orden normativo dominante.  Apelar el matrimonio como un derecho  es una lucha constante de frutos paulatinos en México. En los últimos años, la búsqueda de una igualdad ante la ley de concebir matrimonio  entre personas del mismos sexo, en México, a marcado sus puntos de una manera objetiva: “El derecho a formar un patrimonio; El derecho a la creación de la familia; El derecho a tener un domicilio conyugal; El derecho a la seguridad social.; El derecho a la herencia y repartición de bienes; EL derecho a la pensión alimenticia; Beneficio de créditos conyugales; Entre otros beneficio que nos da el matrimonio.” (avaaz.org:2012) centrándose en aspectos legales que posiblemente defenderán la posición, “igualitaria”,  de los matrimonios homoparentales y de los cuales carecen los llamados matrimonios simbólicos.  Pero, ¿por qué buscar al matrimonio como un modelo de convivencia, legalizado  e institucional como marco de referencia? (Sutherland 2012: 90)
Mi tesis se establece en ese rigor simbólico al que se someten los matrimonios homoparentales a la violencia institucional que se ejerce en la búsqueda de una aceptación dentro del marco familiar  tradicional. Para re descubrir nuevas  formas de convivencia que replantean a la  familia tradicional y esta búsqueda anexa por la igualdad.
El matrimonio en la actualidad representa aún, el núcleo de formación para el individuo, cada miembro tiene una función, como una especie de engranaje. Cualquier anomalía dentro de esta concepción se podría considerar un fallo  inmerso en la institución.  Se define familia como un sistema, “un conjunto de personas que conviven bajo el mismo techo, organizadas en roles fijos (padre, madre, hermanos, etc.) con vínculos consanguíneos o no, con un modo de existencia económico y social comunes, con sentimientos afectivos que los unen y aglutinan” (Instituto Interamericano del Niño: 1) en una definición que hace una apertura al sistema adoptivo como opción. Algunas otras la definen como “la más antigua de las instituciones humanas (…) a través de ella la comunidad no solo se provee  de sus miembros, sino que se encarga de prepáralos para que cumplan satisfactoriamente el papel social que les corresponde” (Chávez Asencio: 4)
En ambas definiciones, se busca  que los individuos ejerzan su rol social, ligado inherentemente por el género sexual que los forma como individuos aptos para entrar en el sistema familiar. Por otra parte, sabemos que el lenguaje técnico de aspectos jurídicos o políticos como el matrimonio o la medicina, deja de lado estas nuevas formas de relaciones porque transgreden  la heteronormatividad,  a pesar de que es evidente, que la concepción de la familia burguesa se ha mutado.  
Pero el artículo 4° de la constitución mexicana de 1917  establece  que “el varón y la mujer son iguales ante la ley. Esta protegerá la organización y el desarrollo de la familia” gracias a esa ley, el estado se siente con el derecho y la obligación de considerar los problemas familiares inherentes al orden público, pero también da pie a la búsqueda por  la igualdad, esta insistencia de hacer de lo  privado algo público, justificando que al Estado le interesa lo que sucede con sus mejores intenciones de establecer el orden.  En este sentido ¿Está marcado por la constitución que una mujer, de preferencias sexuales adveras o un hombre, no pueda formar una familia con la misma equidad que una mujer o un hombre heterosexuales? ¿Es realmente un impedimento jurídico? ¿O se tiene que vivir la condición de los roles que cada género representa para poder emprender una familia? Existen muchas interrogantes al respecto. Más me limitaré a intentar contestar algunas de ellas. Lo verdaderamente importante es marcar la mentira Constitucional que vive la república mexicana actualmente. La Constitución es lo que las regiones a Dios. Lo alejan del pueblo, lo transmutan y no queda más que amarlo como está ahora. Si es que las leyes cambian, ¿cómo es posible que no cambien para resguardar y proteger a las nuevas familias? ¿Es realmente la ley o es parte de una conciencia social tradicional?  Me voy inevitablemente con el episteme, esta conciencia conservadora que ordena la realidad conforme a una “naturalidad” inexistente que impide que el pensamiento evolucione. Es cierto, en la actualidad existe más apertura con relación a los matrimonios de parejas homosexuales. Pero es una aceptación por la condición homosexual, no por la insistencia a  un reconocer esta igualdad. Como se cuestiona Kosofsky “¿Es necesario definirnos como gays de manera discursiva para poder serlo?” (…) “he salido del armario, luego existo” (Epistemologías del armario 10)  frase que tuvo en la ilustración un poder sorprendente de preponer la idea antes que el individuo. La heterosexualidad necesita a la homosexualidad como discurso para definirse como tal, según Kosofsky la heterosexualidad no se encuentra en un lugar privilegiado ante la homosexualidad, sino que lo ve como una dualidad, un distintivo.
 Dicho de otra manera, no debería existir la definición de matrimonios homosexuales o familias homoparentales, si estamos hablando de ser igualitarios ante la ley y el Estado.
La familia, no es lo que conocíamos anteriormente, la dote, la condición social y demás parámetros como estrategias cuidadosamente elaboradas quedan únicamente en la literatura y más “como una adquisición social, que una fuente de felicidad afectiva” (Knibiehler 1993: 383). La familia tradicional se han difuminando debido a los cambios sociales inminentes. La apertura a la autonomía de la mujer, los divorcios, los embarazos no deseados, etc. Se pierde esta concepción para implementar las trasformaciones de familias y matrimonios. Ya no hablamos solamente de matrimonios homoparentales, sino de relaciones después del divorcio, de familias conjugadas por tíos, abuelos y primos, o padres de familia solteros o viudos que inminentemente nos llevan a subversivisar el concepto de familia tradicional. La creencia de que la figura del padre es esencial para la formación de los hijos es simbólica en toda la definición. El hijo, se puede ver afectado no por  la ausencia de un padre-esto en el sentido de que no lo haya conocido, o que tenga una madre- sino por la idea errónea de que un hijo necesita, naturalmente, de un padre varón.
Los roles, por otra parte,  se encuentran mimetizados a las conductas heterosexuales normativas. En este sentido, hay siempre un deseo de dominación igualitaria universal, pues los géneros se definen por conductas y pautas que nos determinan como sujetos masculinos o femeninos, he aquí el dilema del género como aspecto simbólico  y cultural.  En el caso de las parejas homosexuales, aunque son minorías, y “se apartan del orden natural de las cosas” esta idea de pasividad y actividad están inmersas de manera contundente en  el pensamiento. El hombre o la mujer que adopta pausas femeninas, siempre será el pasivo, el dominado, donde es notorio, este discurso de poder del que nos habla Foucault. Es por eso que  la sensibilidad o la emoción inmersas en un sujeto masculino-hablando de la conducta masculina- es clasificado como débil. Nos dice Bourdieu “ser hombre, es de entrada, hallarse en un posición que implica poder” (200:85).  La violencia, física, simbólica o psicológica también es vivida entre parejas del mismo sexo-nadie trata de edificar la homosexualidad- hay un notorio fallo, por seguir o mimetizar la construcción de matrimonio o familia heteronormativa tradicionalista. Tener y ser el falo.
Juan Pablo Shutherland[2]  nos habla precisamente, del matrimonio, heterosexual, como institución  univoca, y se cuestiona la insistencia por querer establecer un modelo de matrimonio tradicional-patriarcal, aún y cuando existen muchas formas de convivencia. También nos dice, que dicho modelo heterosexual universal, que es el matrimonio, se encuentra institucionalizado y sumamente naturalizado por la iglesia, por el Estado y la escuela como institución; bajo esta visión  son los primeros que ejercen una violencia simbólica en los procedimientos jurídicos y normativos, instituciones tradicionalistas que oprimen a las minorías y aquellos que tensan o destabilizan el orden natural que le otorgamos al pensamiento (90).  Entonces, ¿realmente se busca este modelo de convivencia? Si este mismo modelo deja fuera a la subjetividad de las  minorías y son tensionadas por el poder social y cultural. Se cuestiona Shutherland “¿no estaremos dejando nuestros cuerpos en el closet para volvernos legibles, y finalmente, productivos?” (90) cuando buscamos legitimizar  (hacerlo verdad única) este régimen político-heteronormativo.  Sería pedirle su látigo certificador al Estado. Sin embargo, la legitimidad, aun dentro de nuestra decisión por diferentes formas de convivencia, es algo que, de principio, nunca debió haber sido arrebatado.  (hablando de igualdad de nuevo)
Pero siempre existe un beneficio para este voraz capitalismo-abriré un pequeño paréntesis con relación al concepto de ser productivos de Shuterland- Si ser homosexual, fuera verdaderamente un crimen, ¿Por qué la sociedad nos permite ser parte de ella en cuanto a capital y producción? Si bien, las relaciones o matrimonios homoparentales alteran el nivel de reproducción dentro la sociedad. El capitalismo ha sabido sacarle provecho. Esto me interesa mencionarlo, para objetivar como el mismo Estado incita y da acceso a estas minorías cuando es algo convenientemente favorable para él.  Existen muchos clubs sociales, grupos, puntos de reunión donde  los homosexuales van a la cabeza dentro del consumo capitalista. Aquí intervendré en primera persona, porque he sido testigo, por familiares y amigos, de los derrochadores y consumistas que puede ser la industria de productos para homosexuales-el simple hecho de que pueda concebirlo como “productos para…” es sorprendente- No digo que no pase lo mismo con los cosméticos de las mujeres ni los juguetes para los niños, pero ellos no son clasificados como minorías agravadas sin determinado contexto.  En estos clubs se manifiestan formas de relacionarse diversas. Es un cierto “espacio” que se le brinda el Estado a estas minorías para ejercerse libremente sin preocupación de agresión o discriminación. No somos sexualmente productivos, en la mayoría de los casos, se sale de la normatividad, es pecado etc. Pero, el Estado no puede dejar de darnos el lugar mientras seamos consumistas excesivos y dejemos el distintivo de lo heterosexual.  Doble moral. (Imparcialidad de postura a veces si a veces no)
Es por eso, que alrededor de la represión, la homofóbica y  la exclusión. La llamada “Cultura Gay” ha creado sus formas de convivencia y comunicación fuera de cualquiera régimen legal. Actualmente existe colectivos de homosexuales gays y lesbianas que intercambian sus parejas sexuales teniendo hijos entre ellos. Ambos bandos reconocen su responsabilidad y llegan a un acuerdo sin necesidad de atender al Estado.  Esto despliega diferentes modos de convivencia y parentesco  que posibilidad otras formas de familia.
Con la existencia de estas propuestas para formular la familia con variantes inminentes, entonces ¿qué beneficios se podían encontrar en el matrimonio legal? No se trata solamente de cuestiones cursis y románticas del matrimonio ni solo aspectos legales que posibiliten una familia. Sino de igualdad, “la aplicabilidad de los mismo derechos como el resto de los individuos de la sociedad” (91) ese es el punto, al que el matrimonio homoparental intentan pegar en la posición más político de la problemática. Esta búsqueda para que el estado deje de prohibir, la adopción o la concepción de hijos por su “derecho u obligación” a estar inmersos dentro del orden de lo privado, porque ven por la familia, por una estabilidad simbólica que es necesaria resguardar por el bien de los individuos.  Pero la familia ya no es lo que antes, se buscan aspiraciones fuera  de la llamada arqueología moderadora (matrimonio, nos dice Sutherland) el matrimonio como modelo de convivencia se va dejando atrás. Hasta las formas heterosexuales emigran a otros medios de convivencia social y amorosa: el vivir en unión libre, la monogamia, los divorcios, la adopción etc.
En conclusión, el matrimonio homoparental, solamente hace visible una notoria desigualdad. Es una búsqueda, por alzar la voz en protesta y marcar una subordinación por parte de Estado. Los mismos derechos siempre  se han tenido, somos libres de formar una familia y en ninguna parte se escribe que por las preferencias sexuales no es algo que se impida ejercer. Debemos plantearnos fuera ya de la concepción de un matrimonio patriarcal, fuera de sus vicios y sus errores primordialmente. Y eso, es precisamente la dificultad, imaginar nuevas formas de ser, de reinventar nuestras subjetividad, porque esto implica ir más allá de nuestros cuerpos y nuestros sentimientos, ir más allá de lo heteronormativo y de lo natural.



Bibliografía
Bourdieu Pierre. La dominación masculina. Barcelona: editorial anagrama. 2000. Digital.
Carabí Angeles, Segarra Marta.  Nuevas masculinidades. Barcelona: Icaria editorial. 1994. Impreso.
Chávez Asencio Manuel F. La familia y los derechos humanos. http://www.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/jurid/cont/21/pr/pr10.pdf
Duby George, Perrot Michell Historia de las mujeres. “La mujer civil, pública y privada” por Yvonne Knibiehler, Taurusminur. 2001. Madrid.
Shutherland Juan Pablo Multitudes minoritarias, batallas sexuales y matrimonio hegemónico. Revista: Papel máquina. Editorial Palinódia. Santiago de Chile, 2008.
Kosofsky Eve. Epistemologías del armario. Edición de la Tempestad. Barcelo. 1998. Digital.



[1] Rae: Trastornar, revolver, destruir, especialmente en lo moral.
[2] En su artículo: Multitudes minoritarias, batallas sexuales y matrimonio hegemónico.