Me quedo con las ganas y no culpo al tiempo
ni a los manojos de piedras que han turbado mis pasos.
Me quedo con las ganas de esos besos trémulos
del sabor supuesto, de esas ganas que solo yo creía.
No veo el mal vivir en las cosas
siempre me queda la contemplación,
y aquella mística zozobra.
Solo se han de ir conmigo los recuerdos
las visiones del futuro sublevadas,
en lo más alto del cielo
siento el tiritar de los cristales.
Allá arriba la cosas no se olvidan
forzosamente las llevo conmigo.
Al menos me queda tu alegría metálica. Tus ojos de madriguera
que abrigan a lo desconocido, al amor que hoy se presenta.
Me quedo con la ilusión, con la contemplación
de tu felicidad etérea.
Resolución de la precaria condición sentimental
en los momentos de rutina.
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