Te pareces a mí, cuando un hilo de baba escurre por entre tus dedos
no le das importancia y experimentas el sabor.
El mal tiempo es presagio de tu ausencia.
y aun así decides irte sin sol
Entonces te tomo de la cintura, y como en un gesto de hombría
arrimo tu ser al mío, con fuerza, la delicadeza ni en los dioses.
retrocedes y forcejeas, porque tu libertad es sagrada.
Te miro a los ojos, como el siervo mira a la hiriente flecha.
introduzco mis dedos en nuestro ser
e hilos trasparentes anuncian otro momento
te aferro hasta mi y lo ruego;
vuelvo a ser tú
tú vuelves a ser para mí.
domingo, 6 de julio de 2014
miércoles, 9 de abril de 2014
Las trampas de Sabinsky
¿Un diez? Para mí es fácil, mientras mis amigos dejaban trozos desgarrados del intelecto frente al verdugo de los finales, para mí todo era fácil. Podía ver hasta al más intelectual sufrir antes los duro exámenes de la maestra Sabinsky Veinte cuartillas de un ensayo, cientos de ante proyectos, reporte y exposiciones, aquella carrera de facilidad implícita para todos, se trasforma en la pesadilla de cualquiera. La inexactitud de las ideas, la hermenéutica subjetiva, las ideologías que son inexplicables o no siempre existen palabras que lo expliquen a totalidad. No existe método para ello.
-Pobre de aquel ingrato que subestime el pensamiento y la palabra-. Dice Manuel con cierto snobismo en su voz.
-Hasta las matemáticas requieren de una teoría-. Contesta otro de los compañeros. Se arman grandes debates para justificar lo exhausto de sus mentes y la guerra cruel que tienen algunos frente a la hoja en blanco.
Yo camino por la escuela con tranquilidad. Mis amigos y compañeros notan poca vehemencia en mis trabajos finales y sobre todo en los trabajos de la maestra Sabinsky.
-Pasaré, les digo, es cuestión de tiempo-. Una mano firme se posa en mi hombre y todos detienen el aliento. La dueña de la mano me dice un apenas audible acompáñame. Camino detrás de ella, en silencio, en espera, alerta a cualquier movimiento que pueda hacer mi acompañante. Me guía hasta los salones lejanos. Espero mi muerte. Entonces, la fiera ataca y captura a su presa. Comienza a darme de fuertes golpes en el cuerpo, golpea tan duro con los labios que me corta la respiración. Es cruel, porque aun sabiendo que la excitación me deja sin aliento continua amordazando mi boca. Su crueldad es tanta, que termina masajeando mis pechos, duros y cándidos; se detiene. La memoria la detiene, ¿será acaso que yo no huelo a cigarro y sudor? la incita a un viaje al pasado, recuerda un verso de Ulalume “la memoria nos cambia de lugares sin movernos de nuestros sitios” y me sonríe. Yo apenas si reacciono, sigo ebria y embebecida entre el sabor de su saliva y la violenta pasión de unas manos grandes, unas manos tersas, sus manos de tiempo, sus manos hechas al cuerpo de una mujer, hechas a las páginas de los libros. Su cuerpo huele a hojas, a cientos de hojas amarillas, a cientos de hojas que debería estar llenado para terminar su ensayo.
¿Pasa algo, maestra?-. Le pregunto, pero no dice nada. Levanta la mirada y sonríe, me dice que en otro momento. La sesión de accesorias quedará pendiente el día de mañana en su casa a las cinco. Yo como siempre diré que me parece correcto, porque no logro entender la posmodernidad, necesito de su ayuda.
¿O es que acaso quieres reprobar?-. Pregunta. Niego con la cabeza, ella sonríe y se marcha.
De nuevo en su habitación y un olor a cigarro penetra en todo, un olor a cigarro y sudor que no es de ella nos invade mientras hacemos poesía. Comienzan a surgir cientos de figuras retóricas, el ritmo nos acompaña mientras la métrica ya no tiene cavidad. Ya no hay metros entre nosotras, ni siquiera centímetros. Su cuerpo choca contra el mío hasta llegar al encabalgamiento. Encabalgamos durante minutos, hasta que el poema es tan sublime que terminamos temblando una a lado de la otra.
Sé que he pasado el examen. Para mí es muy fácil conseguir un diez. Aun así, prefiero pedirle la calificación en ese momento. Ella no contesta, se pone de pie y toma un libro de poemas. La Euclidiana de Leduc sale de sus suaves labios.
Interprétalo-. Lo intento, pero en su mirada hay un dejo de arrogancia.
-mal, mal, mal-. Lo repite tantas veces que volteo a mi alrededor, esperando las risitas de mis compañeros. “La memoria nos cambia de lugares sin movernos de nuestros sitios”.
-No puedo-. Le dijo-. No sé de qué habla Leduc.
Aleja el libro de nosotras, y recita el poema de memoria. Comenzamos a trazar la geométrica del poema. Sus piernas se juntan con las mías, y en un suave roce de nuestros pechos y nuestro sexo termina el poema. Lo entiendo. Al final entiendo entre gemidos y sudor de qué habla Leduc
-De nosotras-. Me dice Sabinsky.- Aquí tienes tu diez.
-Pobre de aquel ingrato que subestime el pensamiento y la palabra-. Dice Manuel con cierto snobismo en su voz.
-Hasta las matemáticas requieren de una teoría-. Contesta otro de los compañeros. Se arman grandes debates para justificar lo exhausto de sus mentes y la guerra cruel que tienen algunos frente a la hoja en blanco.
Yo camino por la escuela con tranquilidad. Mis amigos y compañeros notan poca vehemencia en mis trabajos finales y sobre todo en los trabajos de la maestra Sabinsky.
-Pasaré, les digo, es cuestión de tiempo-. Una mano firme se posa en mi hombre y todos detienen el aliento. La dueña de la mano me dice un apenas audible acompáñame. Camino detrás de ella, en silencio, en espera, alerta a cualquier movimiento que pueda hacer mi acompañante. Me guía hasta los salones lejanos. Espero mi muerte. Entonces, la fiera ataca y captura a su presa. Comienza a darme de fuertes golpes en el cuerpo, golpea tan duro con los labios que me corta la respiración. Es cruel, porque aun sabiendo que la excitación me deja sin aliento continua amordazando mi boca. Su crueldad es tanta, que termina masajeando mis pechos, duros y cándidos; se detiene. La memoria la detiene, ¿será acaso que yo no huelo a cigarro y sudor? la incita a un viaje al pasado, recuerda un verso de Ulalume “la memoria nos cambia de lugares sin movernos de nuestros sitios” y me sonríe. Yo apenas si reacciono, sigo ebria y embebecida entre el sabor de su saliva y la violenta pasión de unas manos grandes, unas manos tersas, sus manos de tiempo, sus manos hechas al cuerpo de una mujer, hechas a las páginas de los libros. Su cuerpo huele a hojas, a cientos de hojas amarillas, a cientos de hojas que debería estar llenado para terminar su ensayo.
¿Pasa algo, maestra?-. Le pregunto, pero no dice nada. Levanta la mirada y sonríe, me dice que en otro momento. La sesión de accesorias quedará pendiente el día de mañana en su casa a las cinco. Yo como siempre diré que me parece correcto, porque no logro entender la posmodernidad, necesito de su ayuda.
¿O es que acaso quieres reprobar?-. Pregunta. Niego con la cabeza, ella sonríe y se marcha.
De nuevo en su habitación y un olor a cigarro penetra en todo, un olor a cigarro y sudor que no es de ella nos invade mientras hacemos poesía. Comienzan a surgir cientos de figuras retóricas, el ritmo nos acompaña mientras la métrica ya no tiene cavidad. Ya no hay metros entre nosotras, ni siquiera centímetros. Su cuerpo choca contra el mío hasta llegar al encabalgamiento. Encabalgamos durante minutos, hasta que el poema es tan sublime que terminamos temblando una a lado de la otra.
Sé que he pasado el examen. Para mí es muy fácil conseguir un diez. Aun así, prefiero pedirle la calificación en ese momento. Ella no contesta, se pone de pie y toma un libro de poemas. La Euclidiana de Leduc sale de sus suaves labios.
Interprétalo-. Lo intento, pero en su mirada hay un dejo de arrogancia.
-mal, mal, mal-. Lo repite tantas veces que volteo a mi alrededor, esperando las risitas de mis compañeros. “La memoria nos cambia de lugares sin movernos de nuestros sitios”.
-No puedo-. Le dijo-. No sé de qué habla Leduc.
Aleja el libro de nosotras, y recita el poema de memoria. Comenzamos a trazar la geométrica del poema. Sus piernas se juntan con las mías, y en un suave roce de nuestros pechos y nuestro sexo termina el poema. Lo entiendo. Al final entiendo entre gemidos y sudor de qué habla Leduc
-De nosotras-. Me dice Sabinsky.- Aquí tienes tu diez.
martes, 11 de marzo de 2014
No soy poeta
I
Yo no sé que escribo
pero cada que escribo
algo en mi fluye,
será la miseria con la que he nacido.
la injusticia o la impunidad con la que a diario vivo.
yo no sé que es,
pero quema el fuego
y lo apaga sin consumirlo.
¿será el alma?
¿será la tinta hecha palabra?
¿será, tal vez, que si no es cuerpo es verso?
Mi vida es el capullo
fémino que abrazo,
busco escribirlo para no olvidar
el sabor, el olor, de aquel pistilo
que saboree con la mano.
Yo no sé que será,
será un arranque de
pasión y dolencia.
Escribir duele, soy
masoquista de mis propias letras.
Yo no sé que escribo
pero escribo porque
si no lo hago, una
afilada puntilla entra a mi cuerpo;
si no escribo, me consumo en las olas
de éste, mi mar desértico.
Yo le escribo a lo que se mueva
y me acuesto con la luna
yo le doy un abrazo a la enemiga
y a la amiga le tomo la cintura.
II
Van las madres llorando
van bajo negros velos que cubren su tristeza,
allá van todas, y van juntas
pero cada quien lleva su dolor
bajo el brazo.
Van las madres y no logran acallarse,
en su pecho hay un grillo, ese grillo
escandaloso que se quiere revelar
van marchando, van gritando
y en su vientre se escucha
la sangre que alguna vez fue cuerpo
el recuerdo que se vuelve nada.
Van las madres en las calles
y van gritando a los demás
que les regresen a sus hijos
que en este infierno no existe la paz.
Lloran los pedazos de lo que eran en la arena
llora pero no de dolor
a lo lejos un mechón de cabello es levantado por el aire
y comienza a sollozar.
Las manos de Rocío están hechas de sol y podredumbre.
ella recuerda el beso del primer amor.
Mientras los purpuras labios encendidos de Gloria
susurran una canción.
Azucena extraña con todas sus entrañas a su madre y a su abuela,
que se han esparcido por la tierra.
Mientras María, con apenas trece, sueña con volver a las muñecas.
Lloran los pedazos de todas en la arena
esta arena tan escasa de agua y con ella la justicia
Van las madres en las calles
van gritando y van llorando
cada una bajo el ojo
llevan años de dolor.
Yo no sé que escribo
pero cada que escribo
algo en mi fluye,
será la miseria con la que he nacido.
la injusticia o la impunidad con la que a diario vivo.
yo no sé que es,
pero quema el fuego
y lo apaga sin consumirlo.
¿será el alma?
¿será la tinta hecha palabra?
¿será, tal vez, que si no es cuerpo es verso?
Mi vida es el capullo
fémino que abrazo,
busco escribirlo para no olvidar
el sabor, el olor, de aquel pistilo
que saboree con la mano.
Yo no sé que será,
será un arranque de
pasión y dolencia.
Escribir duele, soy
masoquista de mis propias letras.
Yo no sé que escribo
pero escribo porque
si no lo hago, una
afilada puntilla entra a mi cuerpo;
si no escribo, me consumo en las olas
de éste, mi mar desértico.
Yo le escribo a lo que se mueva
y me acuesto con la luna
yo le doy un abrazo a la enemiga
y a la amiga le tomo la cintura.
II
Van las madres llorando
van bajo negros velos que cubren su tristeza,
allá van todas, y van juntas
pero cada quien lleva su dolor
bajo el brazo.
Van las madres y no logran acallarse,
en su pecho hay un grillo, ese grillo
escandaloso que se quiere revelar
van marchando, van gritando
y en su vientre se escucha
la sangre que alguna vez fue cuerpo
el recuerdo que se vuelve nada.
Van las madres en las calles
y van gritando a los demás
que les regresen a sus hijos
que en este infierno no existe la paz.
Lloran los pedazos de lo que eran en la arena
llora pero no de dolor
a lo lejos un mechón de cabello es levantado por el aire
y comienza a sollozar.
Las manos de Rocío están hechas de sol y podredumbre.
ella recuerda el beso del primer amor.
Mientras los purpuras labios encendidos de Gloria
susurran una canción.
Azucena extraña con todas sus entrañas a su madre y a su abuela,
que se han esparcido por la tierra.
Mientras María, con apenas trece, sueña con volver a las muñecas.
Lloran los pedazos de todas en la arena
esta arena tan escasa de agua y con ella la justicia
Van las madres en las calles
van gritando y van llorando
cada una bajo el ojo
llevan años de dolor.
jueves, 6 de marzo de 2014
ESPERANZA
El lacre de tu medula
Se extiende por toda la tierra
Efervecente es el abono natural de éste lugar
Del desierto nacen flores de sangre y miedo.
En la sierra el peyote,
En la cuidad nada crece, nada, todo se muere.
La carne desollada de una burocracia sin alma
Que no se escape tu brío
Pulcra fisionomía
Brío desplomado
Brío atormentado
Eres el abono de este desierto de sangre.
El brío como una gota de agua que se desvanece en un vaso
Así mismo desapareciste,
Así mismo les pasará a nuestros hijos,
Y nos asimos a las explicaciones humanas
Tan morales y pendejas, que apestan a mierda
A kilos de mierda que yacen sobre tu inmune cuerpo.
Tu nombre, se ha
convertido en la paradoja más cruel
En este desierto no existe tal esperanza
Te desvaneces con la palabra
Esssss
Peeraaanzaaaa
Esa palabra que se vuelve digerible en nuestras bocas
La palabra que nunca muere, ¿en dónde estás ahora?
Y los líderes se rascan los huevos, sus grandes huevos,
Sus enormes huevos de toro, de padre injusto, padre asesino
Que raya las paredes de mi útero con su espada, y se dan
La vuelva, buscando las respuestas en ojos inocentes.
Son ellos mismos, gritan las madres, las hermanas, los hijos
Y el pueblo se levanta en voces que dice y no dice nada
Que hacen y se vuelcan sobre si mismos
Y ya estamos cansados, sí, y por eso dormimos.
¡Vivan las madres y las hijas!
¡Vivan los pechos sobre la arena!
El hueco desgarrado por la furia
Ese hueco maldito, el hueco de la desventaja física
El hueco que palpita
El hueco amigable
El hueco maldito
El hueco con dientes
El hueco bendito,
El hueco que da vida
El hueco que la quita
El hueco que no sana,
dice Paz
El hueco, el maldito hueco.
Que permite al agresor el goce cálido que se guarda
Para el amante.
No es culpa de la esperanza ser una mujer,
Ser mujer es una maldita bendición y eso lo sabemos desde
niñas.
Desde del toqueteo del tío, o la mano alzada del noviecito,
Aguántese, aguántese ¿pa´ que se pone tacones? ¿pa qué usa
minifalda?
¿Pero quería venir de fiesta?
Nos condicionan, nos generalizan, nos toman, nos dejan
Se llevan, no traen, somos la naturaleza en carne viva.
Podrán desgarrarnos el vientre, las caderas, los pómulos
Cada brazo, cada uña o cabello, pero nunca nos tendrán
completas
¡Viva la esperanza¡
Esperanza ¿dónde estás,
Esperanza?
miércoles, 30 de octubre de 2013
5 años
Siempre ha sido ese el problema, el problema es que nadie entiende que el amor también madura,
ese amor que nos venden en frascos,
es un breve periodo de tiempo
todo queremos sentir el amor de las entrañas, el que palpita sobre el vientre
el amor que consquillea, el que duele como un piquete,
el que suda las manos, aquel amor que te sonroja los labios.
el amor que te permite tragarte sus babas,
el amor que te inflama la panza,
el amor que te irrita la entre pierna, que te hincha los pezones.
ese amor que no puede quedarse así, porque qué hueva
qué puta hueva.
Ese amor que tú y yo conocemos. Ese amor de pendejos, de querer jugar a ser niños para siempre, ese amor de las peticiones y las complacencias, ese amor superfluo de postits en el carro, de flores en la oficina.
No...no...
Nuestro amor ya es otro. Nuestro no es de perro, de mover todos los días el rabo cuando te veo. Nuestro amor es de mover el rabo y de que sepas que es porque te quiero, nuestro amor es de "tengo comezón" y sepas dónde y cómo me gusta que me rasques, nuestro amor es de papel, sí de papel
de "No hay papeeeeel..." y que tú ya estés en la puerta para dármelo. De abrazarnos y besarnos antes de dormir, y al sentir la pesadez del día darnos la espalda y dormir, dormir como la pinche gente no ahí entrelazadas, buscando nuestro espacio. Nuestro amor es de roncar, de tirarnos pedos, de ir a cagar cuando alguna se está bañando, de bajarle. De lavarme los dientes mientras meas, de mear mientras te lavas los dientes. Nuestro amor es de bañarnos juntas y disfrutar nuestros cuerpos, nuestro amor es de compartir la ropa, porque ya sé que chingo mucho pero somos simétricas y eso, eso me encanta.
Nuestro amor es ya de abrazaste sin que lo digas, de ayudarte sin que lo pidas.
Los expertos y yo misma hemos llegado a la conclusión de que nuestro amor rutina, esa una mala broma que te hacen los años. Nos han dicho tanto lo que es el amor pero aun sabemos tan poco que a lo nuestro no saben aun como llamarle.
Dicen que esa rutina es la pezades, es el momento frivolo del amor. Pero no nos hagamos pendejos, hasta el más fiel ha querido alguna vez sentir otro cuerpo, sentir otra carne
el truco está en comprender que no hay más carne que tu carne, que no hay más ronquidos que los tuyos
que no hay más cabellos que tus hermosos cabellos de carbón.
No hay otra como tú, no hay otra como yo... en parte siempre he sido yo... por querer sentir la frescura del amor nuevo, de pensarnos como al inicio, devotas y frescas, ese es el problema del amor, que queremos que no cambie, no le permitimos que cambien porque vemos su final.
Y quiero que tú seas la misma, y quieres que yo sea la misma
en un juego que aun después de cinco años no sabemos jugar bien
y vamos a ciegas, vamos eternas, pero de la mano.
en un juego que aun después de cinco años no sabemos jugar bien
y vamos a ciegas, vamos eternas, pero de la mano.
miércoles, 9 de octubre de 2013
Astro Clestino
Mírala y mírate, cual narciso en la fuente,
mírala como solo tú sabes mirarla.
con tácito asombro, con prudente deseo.
Cae a su pozo de miel, obrera.
Sin detener la labor.
Frota tu cuerpos con el suyo
siente
s
u
a
v
e
y
leeeeentooo
como se serigrafían sus pechos, sus caderas,
como las espaldas de tololoche suenan;
entre la maleza te descubres simétrica
entre tanto cuerpo te descubres idéntica y hermana.
Empericada en su cuenco.
Se escucha el aliento de la aurora
que sale por su boca, bufando como bestia.
La diestra le atormenta la boca,
mientras la izquierda le acaricia los recuerdos.
Entre ahogos por fin sale, y sale hermoso,
en su miel yaces aferrada, obrera.
Orgullosa de tu trabajo.
Cada quien a su sitio, que el astro es celestino.
mírala como solo tú sabes mirarla.
con tácito asombro, con prudente deseo.
Cae a su pozo de miel, obrera.
Sin detener la labor.
Frota tu cuerpos con el suyo
siente
s
u
a
v
e
y
leeeeentooo
como se serigrafían sus pechos, sus caderas,
como las espaldas de tololoche suenan;
entre la maleza te descubres simétrica
entre tanto cuerpo te descubres idéntica y hermana.
Empericada en su cuenco.
Se escucha el aliento de la aurora
que sale por su boca, bufando como bestia.
La diestra le atormenta la boca,
mientras la izquierda le acaricia los recuerdos.
Entre ahogos por fin sale, y sale hermoso,
en su miel yaces aferrada, obrera.
Orgullosa de tu trabajo.
Cada quien a su sitio, que el astro es celestino.
miércoles, 18 de septiembre de 2013
Los techos de septiembre
(acto único)
I Escena
Juana: Seguro que se
subieron por nuestra casa, ya ven, no sería la primera vez que lo hace.
Francisca: ¿Pero cómo?
si está rete alto.
Ester: Es muy fácil, si ya tiene maña, nomás se apoyan
en las rejas de nuestra barda, así suben y recorren nuestro techo, así se
metieron.
Mariela: Cabrones,
ojalá que Doña Julita venga a jalarles las patas.
Ester: Qué dices, no
juegues con eso. Lo que debemos hacer es hablarle a Julián, decirle que han
intentado meterse a la casa de Julita. Seguro él tiene llave, nadie más tiene
llave, seguro él ha de poderse comunicar con los hijos, con los que estén a
cargo de la casa ahora.
Juana: a lo mejor nadie
está al pendiente.
Francisca: ¿Le llamaron
a la patrulla?
Juana: les llamamos dos
veces y nada. Le decía a Mariela que a la próxima les decimos que unos muchachos
revoltosos están haciendo un rave.
¡Eso! Menores, consumiendo drogas y alcohol, verán como llegan volando.
Mariela: y hasta de
tres patrullas tendremos afuera. ..
Juana: menores drogados
y borrachos.
Mariela: indefensos…
Juana: y drogados y
borrachos
Mariela: e indefensos…
Ester: pues sí, a la
otra hacemos de los criminales las victimas para que se haga justicia. Pero
ahora vámonos, que cada quién tiene sus tareas. Juana y Francisca a trapear y
barrer. Mariela, ayúdame a recoger las camas.
(Mariela
sale)
Juana: qué raro tú,
¿ustedes?, ¿La cama?, qué raro.
Ester: bueno, tú las
camas y todas las demás a alimentar a los animales.
Francisca: yo no quiero
alimentar animales, ya bastantes animales he alimentado en mi vida.
Juana: esos animales
son responsabilidad que tú solita te has echado, reina.
Ester: ya estuvo bueno
pues. Cada quien que haga lo que quiera hacer, pero que lo haga bien. Que las
cosas o se hacen bien o mejor no se hacen.
Francisca: que no se
hagan, de todos modos las cosas nunca salen bien. Y menos cuando se nos
imponen, nadie hace bien las cosas cuando le obligan a hacerlas.
(Sale
Juana. Entra Mariela cargando unas sobre camas)
Mariela: se escucharon
otra vez, andaban arriba con pisadas de gato.
Ester: ¡Esos cabrones!
Francisca: ¡qué miedo!,
qué tal que se nos brincan más.
(Entra
Juana)
Juana: ¿Ya escucharon?
Parece que son como tres.
Ester: que nadie salga,
vamos a poner algo de música para olvidarnos del tema. De todos modos, ahorita
voy con Julián para avisarle y pedirle las llaves.
Mariela: primero me
llevas a mi casa, quiero ir por unas cosas.
Ester: primero lo
primero. Que las cosas o se hacen bien o mejor no se hacen.
Francisca: qué les
parece algo de José José, también tengo
algo de Los panchos.
Juana: mejor algo más
movido, una de The Killers, algo de The Beatles
Mariela: el caso es que
tenga el “The”
Ester: pongan lo que
quieran, pero pónganlo ya.
(Ponen
música disco)
II
escena
Mariela: Ayer no se
escuchó ya nada. Seguro que les dio cargo de conciencia y se fueron. Han de
haber visto el espíritu de Julita rondando la casa, los han de haber asustado
los recuerdos de la pobre anciana.
Juana: O seguro ya se
chingaron todo, hasta los recuerdos. Sea como sea, ¿escuchaste los cohetes?
Mariela: ¿Cohetes? No
escuché nada te digo.
Juana: ayer hubo
cohetes. No puedo creer que nos los escucharas. Se escuchaban a los niños sobre
los hombros de sus papás, a las
trompetas y las matracas. Los gritos. El grito del pueblo.
Mariela: ¿Qué decían
los gritos?
Juana: ¡VIVA EL IVA,
VIVA CHIHUAHUA, CHIHUAHUA, VIVE, VIVE, RESUCITA CHIHUAHUA, DESPIERTA, LEVÁNTATE,
SIENTE CHIHUAHUA, ALERTA CHIHUAHUA!
Mariela: no, yo no
escuché nada. Yo dormía, dormía en
verdad, dormía porque es lo único que puedo hacer por ahora.
(Entra
Francisca)
Francisca: yo también
escuché. Pero nadie gritaba, todo lo
contrario, eran susurros. Susurros de aquellos,
seguro se volvieron a meter, ahora como que ideaban un plan, pa mí que planean
llevárselo todo, hasta las plantas y los trastes de plástico, TODO.
Mariela: … Y los
recuerdos.
Francisca: y todo…
Mariela: (reflexiona) mientras no se lleven lo de
nosotros.
Francisca: ¿Y qué hay
de Julita? Son sus cosas, y seguro que
no querrá que se lo lleven todo, qué pasa si volver, si alguna vez vuelve y no
encuentra nada, imagínense su tristeza, su dolor al encontrar la casa vacía.
Mariela: perder sus
recuerdos es lo más triste…y ¿qué podemos hacer?
Francisca: No sé,
velar, vigilar por turnos, para ver quiénes son los hijos de la chingada que
quieren perturbar el interior de la casa.
Mariela: y cuando los
veamos ¿qué hacemos?
Francisca: cuando los
veamos les decimos que dejen de hacerlo, que respeten a los difuntos y sus
cosas. ¡Arriba las manos o disparamos! Y les aventamos con brasieres y calzones
y…
Juana: ya salió el
peine…
Francisca: ¿qué quieres
decir Juana?
Juana: ah, nada, que lo
mejor es mantener la distancia.
Mariela: eso digo yo,
no vayan a venir encabronados aquí, y ahora hasta a nosotros por chismosas nos
lleva la chingada.
Francisca: Julita
también era re chismosa…
(Silencio
incómodo entre todas)
Juana: no, yo me
refería a mantener la distancia de esos
cabrones a con la casa. Nadie puede entrar ya, nadie. Mañana mismo le digo yo a
Julián que nos dé la llave, y hacemos rondas.
Mariela: yo pido en la
mañana
Juana: yo la de la
tarde
Francisca: yo ni de
pendeja hago la nocturna.
Mariela: tú la nocturna
con Ester.
Francisca: ni madres,
yo de noche ni a la esquina.
Juana: es cierto, si
son muchos, seguro que necesitamos estar todas para poder contra ellos.
(Entra
Ester)
Ester: supongo que ya
todas terminaron sus quehaceres.
Juana: hacemos más que
eso, estamos planeando cuidar la casa de Julita, vamos a hacer rondas y a ver
qué…
Ester: ¿Rondas? Ni
siquiera pueden seguir el rol de la casa y quieren hacer rondas para cuidar las
ajenas. No, no voy a permitirlo.
Mariela: qué bueno,
porque seguro te encabronabas con el horario de ronda que te iba a tocar.
Ester: dejen de hacerse
tontas, y mejor terminen sus quehaceres.
El piso está muy sucio y los sillones llenos de pelos de gatos, ya se
están apilando los trastes y es mejor que los limpien antes de que se apilen.
Mariela: Ya vas a
empezar de fascista
Ester: ¡No es fascismo!
Quiero que me ayuden, llevo tanto tiempo aquí, aquí inmóvil, mirando por la
ventana, inmóvil, ya es mucho tiempo. Ya es suficiente, ya son muchos días, ya
fue mucho mi estudio ¿y para qué? Para que los hijos de los dueños sean los que
ocupan mi puesto, para que las palancas sean las que muevan el engranaje de
este gobierno, palancas, hijos de los papás, las palancas que mueven a mi país
las mueven los hijos de los papás… ¿Fascista dijiste?
Mariela: olvídalo, no
quise decir eso…
Ester: ya lo dijiste.
Juana: Bueno, bueno,
ya. Ahora puedes hacer algo más Ester,
necesitamos de tus conocimientos, tal vez puedes darnos pistas, serás el
detective.
Ester: ya estamos muy
grandes para eso…
Mariela: y muy jóvenes
para no hacerlo.
Ester: …va pues,
preparen todo. La guardia nocturna la hacemos todas, chin, chin la que se
duerma.
III Escena
Juana: ¡Demonios, no
puede ser!
Mariela: ¿Qué pasa? ¿Las
conseguiste?
Juana: no, Julián dijo
que las llaves las tiene ya la familia, que no viene sino hasta pasado mañana
Francisca: ¿Pasado
mañana?
Juana: lo sé, seguro
que para mañana la casa de Julita no va a tener ni pisos.
Mariela: ¿qué llevas
ahí?
Juana: ahí dónde
Mariela: ahí, en las
manos.
Juana: comida.
Mariela: ¿Otra vez?
Juana: … parecía tener
hambre, sabes que no puedo evitarlo, sus ojos, su tristeza, no puedo dejar que
pase hambre, no puedo. Lo adoptaría si no fuera por Ester y sus dogmas de
convivencia.
Mariela: no te
preocupes, yo te entiendo. Sabes, dicen que cuando alimentas a uno, nunca se
olvida de ti. Siempre lo recordará. Seguro que se acordará de ti entre los
tejados y te maullará una canción de amor.
(Entra
Ester corriendo y agitada)
Ester ¡LOS VI!, ¡LOS
VI!
Francisca: ¡¿estás
segura, cómo eran?!
Mariela: ¿llevaban
armas?
Juana: ¿cuántos viste?
Ester: Eran cientos,
cientos y llevaban púas en las manos, todos iban de negro, con los ojos muy
abiertos y amarillos. Vienen en grandes autos, seguro planean llevárselo todo.
Juana: borrachos y
drogados.
Mariela: e inocentes.
Francisca: ¿qué vamos a
hacer con ellos?, debemos hablarle a mamá, ¡que vuelva, qué vuelva no quiero
estar aquí sin ella!
(Francisca
se echa a llorar sobre el piso)
Ester: saben que lo
estamos esperando, saben que los hemos estado espiando.
Mariela: ¿Los escuchan?
¡Son ellos, están cerca del tejado, están muy cerca!
Juana: Mariela, Ester,
vamos por las armas, debe haber algo más que brasieres y calzones en esta casa,
debemos estar preparadas.
Mariela: se
escucha un mariachi a lo lejos.
Juana: es parte del
momento épico. Hasta la Ilíada tenía su
armonía.
Mariela: mira los
cohetes, todos dicen VIVA, VIVA, VIVA. Mira el rojo, como apaña el cielo con
gozo, el blanco apenas si se difusa, el verde no parece muy claro…
Ester: Ya están muy
cerca, los veo acercarse a la puerta en un automóvil blanco. ¡Están por bajar!
Francisca: ¡los techos,
están ahora en el techo… sus pasos de gatos, sus pasos de gato sobre el tejado!
Juana: están maullando
una tierna canción, es mi canción, es una canción de amor.
Ester: ya entraron a la
casa, ¿qué hacemos?
Mariela: mirar el
cielo… (Embelesada con los juegos
artificiales)
Juana: ¡griten, griten
VIVA MÉXICO, VIVA CHIHUAHUA, VIVA, VIVA, VIVA, VIVA, VIVA…!
(Todas
repiten el diálogo de Juana que se convierte en un estribillo)
Fin
de la escena.
lunes, 16 de septiembre de 2013
Ponencia del 9 de septiembre del 2013 ENEJ
El
lesbianismo, la masculinización de los cuerpos bajo el enfoque de los estudios
de género: Historia del Transvestismo[1]
femenino.
El cuerpo, es
una plataforma de significaciones donde se rescribe la “naturalidad” de los
individuos. La jerarquización dentro de
los modos de vida, han establecido ciertas características esenciales para la
mujer y para el hombre. Si bien acaso será cierto, que el ahora llamado femenismo mainstream– discurso anglosajón elitista–, sirve
como detonador de muchos cabos sueltos
que competen a los Estudios de género, también es cierto su
aspecto discriminante y subjetivo radical de este Ser Mujer. Simone de
Beauvoir ya lo dijo: “No se nace mujer,
se llega a serlo”; Joan Scott y Marta
Lamas lo reafirman cuando dicen que vivimos
al margen de lo simbólico, y citando a Scott: “Me parece entonces que el lugar
de la mujer en la vida social humana, no es producto en sentido directo, de las
cosas que hace, sino del significado que adquieren sus actividades a través de la interacción social concreta” (Scott, Género:
una categoría para el análisis histórico 22). Bourdier, nos habla
precisamente de estas condiciones “naturales” que se reinscriben a la mujer, relacionándolas con la pasividad de
las actividades, la parte femenina “como el establo, el agua y los vegetales;
es la estructura del tiempo, jornada, año agrario, o ciclo de vida, con los
momentos de ruptura, masculinos, y los largos períodos de gestación, femeninos”
(La dominación masculina 11) dejando
en claro, el génesis de esta concepción
cíclica de la mujer, condición que la inmersa en un determinado discurso
inferior.
Los estudios de género lo que hacen es,
precisamente, una apertura a reflexionar la forma de vida de todos los
individuos, y comienzan a tensar las jerarquías sociales y el orden establecido- ¿Por quién?- Podría
decirse que por aquellos que tiene el poder, pero aun así es ambiguo, podría
decirse que por Dios, pero sería parte de otros discursos; con poder se refiere
a ciertas organizaciones e instituciones
que mantiene al margen la individualidad como tal de que satisfagan su
beneficio propio. En sí, los estudios de género nos dejan ver como los
discursos nos adentran a este llamado “espisteme[2]”.
Si bien, los dichos estudios apuntan a
que el género es algo asignado, algo con lo que no se nace sino se adquiere por
pautas inexorables culturales. Lo ideal sería que pudiéramos todos desarrollar un pensamiento
lejos de este régimen organizativo y ser bisexuales, o ser transexuales o ¿por qué no? asexual,
inclusive pansexuales que “no es la andrógina (macho/hembra) ni la bisexualidad
(hetero/homo), sino que rechaza todas las cargas dualistas como instrumentos
para organizar el discurso sobre la identidad misma” (Gajeri, Los estudios sobre las mujeres 474) y
podría empezar a emplearse un discurso de igualdad o indiferencia de la
orientación sexual. Un día se lo plantee a mi madre, me miró incomprensible y
me dijo: “¿Te imaginas?, la nueva Sodoma
y Gomorra” y entones me dijo que no me
tomara el feminismo tan apecho. Era
claro, ella pensaba en un desorden dentro de este “orden” jerárquico con el que ella creció, y su
madre, y la madre de su madre y la madre de la madre de su madre. De cierta
forma la comprendí, las cosas cambiarían
y tendría que cambiar jurídica, social, económica, y epistemológicamente. Pero ¿Por qué pensar en el caos? Por qué
pensar que el amor o la atracción tienen un significante y un significado. Como
si mujer fuera un significante y hombre su significado todo en un régimen de
arbitrariedad. Para mi madre era
incomprensible vislumbrar un mundo en el
que una mujer tuviera una cita con un árbol o con dos hombres a la vez. También se trata de replantearnos la variedad
de relaciones que puede existir “usar desde ahora la sexualidad para llegar a
multiplicidad de relaciones” según parafrasea Eric Fassin a Foucault (Lugares
de invención: la amistad, el matrimonio y la familia 97)
Me estoy yendo a ejemplos extra-radicales-pero
no por eso poco concebibles- para adentrarme a lo que quisiera plantear como
tesis de este trabajo. Comenzaré con hablar de lleno a lo que me compete. El
propósito de este trabajo es un transitar
histórico de la masculinización de un cuerpo femenino, dentro del orden normativo.
Con el propósito de replantear el orden de lo simbólico, que proponen los
estudios de género y encontrar el génesis de perversión. Si bien, como dije al
inicio, el cuerpo es una superficie de inscripción, no tendría por qué ser
problema que un sujeto femenino decida ponerse botas y pantalones vaqueros y
tener un discurso lejos de la masculinidad o la feminidad como conceptos
también inventivos por la cultura. El transvestismo y más aun el transgénero es
un ejemplo claro de que el género es algo simbólico porque transgrede los roles
sociales. De hecho, el replantear lo simbólico, conllevaría a poner en duda
esta insistencia de establecer los géneros mediante la sexualidad y las
condiciones “naturales” a la cual están anclados nuestros cuerpos. Pero no es
tan sencillo. El orden es opresor. Porque se conserva esa ideología tradicional
de que “la división entre los sexos parece estar[MV1]
en el orden de las cosas” (Bourdier 11) y establecemos las leyes culturales y
de asociación de lo que nos rodea a
nuestras conveniencia.
Es una realidad que vivíos en un mundo
discriminante; la anomalía o mejor dicho lo “inusual” “lo extravagante” y miles de adjetivos nos llena el pensamiento
de dudas, el lenguaje solo hace palpitar en nuestras mentes la antítesis “lo
normal” o “lo que debe ser”. Es decir, en la complejidad de nuestra existencia,
tenemos un radar listo para detectar anomalías, aquello que se sale del orden
de lo establecido ¿Por quién ha sido establecido
ese orden? Es obvio que la cultura y una larga historia del pensamiento humano.
Pero es esto mismo, esta “normalidad” lo que crítica y oprime al individuo queer.
Cuando
un cuerpo se masculiniza, busca una reacción, una voz que le da un lugar simbólico
por el simple hecho de llevar camisa en lugar de blusa y pantalón en lugar de
falda. Lo debe interesarnos aquí, es la magnitud a la que se puede llevar al cuerpo, en el
cual se inscriben una serie de roles los cuales no son propios de la feminidad.
Esta conducta se hace por una emulación hacia la figura del varón. Existe un debate al respecto con opiniones diversas, algunas feministas, y entre ellas la
italiana Francesca Gargallo[3]que
consideran que la masculinización de los cuerpos femeninos no es necesario para
ser una figura de poder. Y en todo caso, ese sujeto femenino por articulación
social y política vendría a ser una reproducción de cualquier
sujeto masculino con poder.
Pero históricamente, el transvestismo
tenía un sentido diferente, el contexto nos traslada a que era tentador convertirse en una emulación
masculina, inclusive útil, cuestiones de vida o muerte o como una búsqueda de
la identidad.
Existen datos históricos que
apuntan que el transvestismo era común
dentro de la sociedad. El transvestismo
inicia, según historiadores en el siglo XVI y XVII. La literatura, ha
resguardado las huellas de personajes de este tipo. En el barroco, se manifiesta con un
“enmascaramiento, ambigüedad y artificio” (Duran 2003:1) . En el teatro del
Siglo de Oro español, tenemos la presencia de muchas mujeres transvestidas:
Rosaura de La vida es sueño y Dorotea
del Quijote que se masculinizaban por cuestiones de honor,
de resguardo o también como un discurso de transgresión a la subordinación, donde
la mujer se convertía en su propio dueño y bajo la figura del hombre llegaba a
su autonomía, considerada para la época
un peligro. Había quienes pasaban toda una vida bajo el símbolo de lo masculino
para hacerse de poder. Martha Durán Campos, en su tesis de Transvestismo en la literatura, cita a
Jean E. Howard “La practica subversiva del transvestismo se dio ampliamente aun
y con todas las prohibiciones (…) fue el principio de una critica constante” más
nos dice que “no hay subversión, puesto que el patriarcado era una usanza común,
no una institución” (16) porque tampoco el contexto permitía valorar al
transvestismo y a la homosexualidad en sí como una cultura o un movimiento
social, la subversibilidad no existía, porque el individuo correspondía a una
función elemental dentro de su contexto de cada género. Por ejemplo Shakespeare
en sus obras, utilizaba actrices para interpretar a los personajes varones, pero no por una estatus de igualdad
o de “oportunidad” sino porque solo una mujer podía interpretar ese papel con
tal pasión que se sintiera embelesada por la importancia que se ejercía en
ella; Sin embargo, se dejaba entre ver
que el matiz de perfección caía sobre el personaje masculino.
Foucault nos habla, bastantes siglos
después, en los que tuvo que haber una evolución del pensamiento y la
concepción de la vida, de los discursos
de poder como una herramienta de la modernidad para posicionarse de manera
triunfal sobre las minorías.
A partir del siglo XIX se comienza a ver
el transvestismo como algo agresivo “una transgresión sexual, un indicio de
hipersexualidad o de sodomía” (R. Walkowitz
Sexualidades peligrosas. Las
relaciones homosexuales: travestismo y amistades románticas 418) Términos
como “Georgesandismo”[4] y
“Bulldyke o Bulldagger”[5] se comenzaban a utilizar para designar la
sexualidad y definir, también, los roles de las parejas. La Bulldyke era el varón de la relación, el
rol activo de la relación entre mujeres clase baja de color. De modo que el
sexo, como acto en sí, toma una relevante importancia alrededor de los
discursos opresores. Aun así, se da otro
tipo de relación, una nueva formulación de relación de pareja[6]. De
esta manera, comienzan círculos amistosos de mujeres. Haciendo una subcultura,
con mujeres de barrios bajos y clase obrera, donde se identificaban redes de
cafés, restaurantes y lugares que frecuentaban
travestidas, lesbianas y prostitutas. Entre la elite, podría decirse, se
encontraban una subcultura de lesbianas escritoras y artistas a principios del
siglo XX tanto en New York como en Francia, donde hacia presentaciones
teatrales, leían sus poemas y novelas que sintetizaban una tradición de
travestismo y amistades románticas (R. Walkowitz, 419). La llamada “Cultura
Gay” comenzaba a tener un lugar dentro de la sociedad, una forma bohemia de
vivir su sexualidad. Estas mujeres se posicionaban en un lugar que marcaba
privilegios y popularidad entre ellas mismas.
Todos estos encuentros y relaciones amistosas
dieron lugar a que las mujeres de todas las esferas sociales no se limitaran ni
emocionalmente ni sexualidad a la mera reproducción. De hecho, también en la
clase media alta, comienza a haber manifestaciones de estas amistades
románticas, con ayuda de la segregación de los sexos, es decir, las
instituciones de escuelas para señoritas o los internados en el siglo XIX,
digamos que Foucault no tuvo esto en cuenta, y se quedaría solo con la
insistencia de que estas instituciones reivindicaban a los individuos a su gusto, ¿pero aquí qué
pasaba? Que las mujeres desarrollaban lazos entrañables desde la infancia en el
instituto y aun así en la universidad. Esto creaba en ocasiones “enamoramientos
frustrados” por emprender lazos con compañeras mayores o inclusive con maestras
del instituto, lo que también, les enseñaba a controlar dichos amores y aun así
a negarse a ellos. La maduración
sentimental abría una barrera que nadie nunca pensó que llegaría a tanto.
Las relaciones amistosas, también daba a
la mujer un anhelo “de amor emocional, espiritual y físico” y el sexo como tal,
no era un problema, porque la sociedad
no lo veía como un acto puramente sexual, “al creer que las mujeres no experimentaban
deseo erótico autónomo fuera de la
sexualidad reproductora” (421). El sexo entre mujeres, primeramente no era
concebido, se creía en la amistad y el
deseo platónico pero no en una concertación del acto sexual. Hacía falta el
falo. Para Foucault, según Frassin, las
relaciones de amistad son una nueva forma de replantear las relaciones humanas,
que renuevan el empobrecimiento de las tradicionales estructuras de unión.
Dichas amistades, propició que las mujeres desarrollaran un
sentimiento de exaltación, que no solo se limitara a un acto carnal o a la
reproducción, sino a fijar un interés por su vida sentimental. Lo que abría una visión subjetiva de sus
vidas, lejos de las preocupaciones del matrimonio visto como un convenio de
bienes o la reproducción-volvemos al empobrecimiento- como un máximo en sus
vidas. Ya a principios del siglo XX
comienzan a propagarse instituciones universitarias que propiciaban la unión de
mujeres durante la universidad. La soltería fue ganando apogeo sobre la
domesticidad heterosexual. Había espacios sociales como los settlement house que brindaban pisos de
instancia a damas en Estados Unidos y Gran Bretaña ocultándose bajo el manto
del celibato y las amistades duraderas. A inicios del siglo XX también se
elevan los números de mujeres solteras después de la universidad, llamando a
las instituciones de educación superior “semillero de amistades sentimentales
especiales” (421) pues nuevamente, entre
la elite, se hicieron comunes los llamados “matrimonios bostonianos”
que tuvieran una publica aceptación.
Nuevamente hubo una insistencia en que el sexo
entre mujeres no era algo significante para el acto en sí, pero al ver como se
hacía una evasión a la maternidad y se comenzaba a buscar una subjetividad, ya
fuera voluntaria o por estrategia anticonceptiva, en el caso heterosexual,
llamaron la atención de los médicos. Y pues claro, la reproducción se detenía
notablemente, y gracias a un estudio de
egresadas de la Universidad de Cambridge
del cual solo 22 del 100 por ciento opto por el matrimonio y la vida domestica.
La intromisión de lo privado en las vidas de estas mujeres no se hizo esperar.
Este es el punto en el que el término de la homosexualidad femenina o
Lesbianismo, posteriormente, da un giro
a su concepto. Se comenzó a estudiar sexualmente la conducta femenina,
la sexología fue al fin mencionada como un “ciencia que estudia la sexualidad”.
Parece curioso, que la insistencia erradicara en un punto en el que la
diversidad sexual y la autonomía de la misma, provocarán un estudio sobre la conducta sexual. La máquina
reproductiva se detiene, los cuerpos femeninos se alejaría de una función
vital, para los procesos económicos,
para el capitalismo: la natalidad. El
Biopoder (régimen que controla las
relaciones de poder) del que habla Haraway[7]
hace presencia. La anatomopolítica (cuerpos como productos, que funcionan para
la producción, disiplinación del cuerpo) y por supuesto la Biopolítica (Individuos máquinas,
cyborgs). La medicina, en el contexto del la práctica sexual, se da cuenta de
que es un peligro que la mujer conozcan las emociones del placer y la pasión
por esencia, sin un motivo o sin algo que genere otro individuo.
Este es
el inicio de la sexología como una ciencia sujeta a la medicina forense. Su
iniciador es el psiquiatra y profesor Richard Von Jraft-Ebing. Que tenía como
misión buscar “las degeneraciones” “un
impulso sexual contrario” o “inversión
sexual” que posiblemente se pudieran reivindicar llevándolos a un tribunal. Publica
un libro en e1986 llamado Psychopatib
Sexualis que clasifica al
lesbianismo como un “un impulso sexual
contrario” o una “inversión sexual”
se inventa un vocabulario médico para clasificar la homosexualidad como una
enfermedad. Todo con supuestas explicaciones que eran confusas y contradictorias. Científicamente no podía
probarse que la homosexualidad o esta tendencia al transvestismo fuera una
patología. Sin embargo, el lesbianismo se plantea como un problema social, que, de alguna forma, libraba a los médicos
de una explicación sobre esta variación de conducta sexual. Declarando este
discurso como “una verdad” La conducta masculina, entonces, en una mujer se
trataba de “un desarrollo embriones anómalo” (422) de esta manera, el individuo de mentalidad
masculina en cuerpo femenino era un grado de perversión homosexual aun más elevado que de
aquellas mujeres que solamente se sentían atraídas por el sexo opuesto[MV2] . Aun a sabiendas de esto. La medicina
comprendía que el erotismo lésbico no era únicamente otra versión de la masculinidad. Sino que
existían sentimentalismos de por medio. La mujer masculina tenía una
caracterización física y de estilo de
vida que la inscribía en lo “anormal”. Inclusive se llegó a pensar que la mujer
masculina ignoraba el placer genital de su pareja.
Tratar
el lesbianismo y el transvestismo como
una inversión de la conducta sexual generaría que muchas mujeres, que
practicaban las amistades entre mujeres, los matrimonios de bostonianos, y
demás; creyeran fielmente en lo que la sexología había estigmatizado las relaciones entre mujeres, algunas de ellas
profesaron haber dejado la homosexualidad atrás y haber encontrado la luz en un
idilio en la vida domestica. Es
increíble como las mismas mujeres que hacían estas prácticas son flageladas por
el discurso normativo de la psicología. Es
increíble que la reducción del lesbianismo a algo puramente sexual marcara una
línea divisora imaginaria entre aquellas que fielmente tenía una amistad
fraternal con una mujer. Es claro, también, que de ahí viene esa connotación de
perversión hasta nuestros días: la homosexualidad o el transvestismo como algo
“no natural”. Cuando culturalmente la
categoría lesbiana, se convirtió en eso precisamente, una categoría, una forma
de clasificar los lazos armoniosos entre mujeres nos dice Leila Rupp que se reusaron a
identificarse como parte de ello.
El estigmatizar y la represaría en contra de la
homosexualidad tomó una postura de temor hacia la amenaza de la reproducción.
La prostitución y el aborto fueron y son
parte de ello. Actualmente, vemos
que existen organismos que defienden esta subjetividad de los cuerpos que se
alejan de ser máquinas reproductivas y se minimizan a un elemento vital del
engranaje capitalista. No pude limitarse ni reducirse la subjetividad de ningún
individuo bajo ninguna circunstancia. La mujer es aun una categoría limitada de
sujeto, es lo Otro. La homosexualidad se encuentra más debajo de ella en esa
pirámide de “jerarquización” el individuo queer
femenino se encuentra aun más abajo,
basta con el ejemplo de las Dosmamis.[8] O propiamente el transvestido está por debajo de todo. Entendiendo este término,
queer “como lo extraño, lo curioso”; rebelde a las normas de
heternormatividad. Butler postula la
mutabilidad y fluidez de un sujeto cada
vez más complejo y con difícilmente conducible a categorías normativas (Gajeri 447).
El
transvestismo sufre un problema terrible por parte de la discriminación, la discriminación entre minorías (mismos
homosexuales, en este caso) es una
realidad que personalmente considero terrible ¿qué se puede esperar de los
discursos opresores y conservadores?
Al final
de cuentas, caemos en la conclusión que
es difícil desapegarnos de la parte simbólica de la cultura. Gracias a la femineidad y la masculinidad (y en realidad al orden
cultural en el que vivimos) clasificamos y ponemos etiquetas a todo, sobre todo
si sale de la nuestras costumbres. El género es algo atribuido, no existe explicación medica o ciencia exacta
que nos diga por qué un individuo
rechaza el sexo con el que nació, y posteriormente el género que se elige por
sentir permanencia. Bien nos dice Marta Lamas con su ensayo La perspectiva de género: “implica reconocer que una cosa es la
diferencia sexual y otra cosa son las atribuciones, ideas,
representaciones y prescripciones sociales que se construyen
tomando como referencia esa diferencia sexual” (8). El transvestismo y la homosexualidad “rompe con los limites mismos de lo corpóreo
e impone reflexiones sobre el contexto de identidad que ya no encaja en
clasificaciones preconcebidas” (Gajeri 475) van más allá de lo que
nuestras normas culturales patriarcales heteronormativas- así como morales y
religiosas- nos permiten.
Es difícil
encontrar una culpabilidad, pero se puede comenzar con pequeñas acciones que
vayan mutando las concepciones de familias y relaciones que actualmente
ejercemos. Lejos totalmente de cualquier tipo de violencia, pues a pesar del
manto simbólico y cultural, así como la tradición patriarcal y de la familia
burguesa nos ciegan ante los cambios, no se justificable que las ideologías conservadoras
tengan el derecho de arrancar la vida o la felicidad de aquellos individuos de
minorías. Aspectos que entra tanta teoría,
olvidamos cuán importante son.
Obras citadas:
Bourdier.
La dominación Masculina. Editorial Anagrama,
s.a., 2000. Barcelona.
Duby
George, Perrot Michell Historia de las
mujeres. “Sexualidades peligrosas” por Judith R. Walkowitz. Taurusminur. 2001. Madrid.
Duran
Campos Martha. El transvestismo en la
tragedia en la obra de Josefina Vinces. Universidad autónoma de nuevo León.
Faculta de filosofía y letras: división
de estudios de posgrado. Diciembre 2003. Web.
Fassin
Eric. Lugares de invención. La amistad,
el matrimonio, y la familia. Revista Cultural. S.n. 2012.
Gargallo
Francesca En
diálogo con la ética feminista. Segundo Encuentro Regional de Filosofía, zona norte, Universidad
Autónoma de Chihuahua, 23 de abril de 2013. Web. Url: http://francescagargallo.wordpress.com/?s=segundo+Encuentro+Regional+de+Filosof%C3%ADa%2C+zona+norte%2C+Universidad+Aut%C3%B3noma+de+Chihuahua%2C+23+de+abril+de+2013
Gnisci,
Armando, Gajeri Elena. Introducción de la
literatura comparada. España. Ed crítica. 2002. Impreso
Haraway
Donna. Ciencia, cyborgs y mujeres: la
reinvención de la naturaleza. España Ediciones Cátedra, S. A., 1995.
Digital.
Lamas Marta. Perspectiva de género. “La tarea” Revista de Educación y Cultura de la Sección
47 del SNTE. No. 8. Enero- marzo 1996. Digital.
Sutherland
Juan Pablo. Multitudes minoritarias,
batallas sexuales y matrimonio hegemónico. S.n
[1] Utilizo “Transvestismo” y no travestismo con
la idea de la transgresión a la normatividad en la concepción ideológica y
cultural. Pues considero que el
trasvestismo es una formulación
lingüísticamente errónea.
[2] Donna Haraway en Ciencia,
cyborgs y mujeres: la reinvención de la naturaleza, comprende este término como una cosmovisión del régimen
que establece un modo de organización de los objetos y sujetos así como su
relación.
[3] Conferencia en el marco del Segundo Encuentro Regional de Filosofía, zona norte,
Universidad Autónoma de Chihuahua, 23 de abril de 2013.
[4] Se hace referencia al seudónimo George
Sand de la escritora Amandine Aurore Lucile Dupin, baronesa Dudevan. Escritora Francesa que utilizaba este seudónimo para
la publicación de sus obras. En el siglo XX, comienza a interpretarse como
símbolo de rebeldía entre las mujeres transvestidas.
[5]
Este término proviene del slang que
significan lesbiana, especialmente la que desempeña el papel masculino.
[6] Véase el dossier: “Lugares de invención: la
amistad, el matrimonio y la familia” de Eric Frassin.
[7]
Véase Ciencia, Cyborgs y mujeres: La
reinvención de la naturaleza. Haraway maneja un discurso en el que el
cuerpo se convierte en un aparato robótico que vive a las expresa de la
tecnología y lo que la política desee de él. Sin importar si esto le lleva a la
muerte, pues la reproducción es el arma clave.
[8] http://dosmamis.blogspot.mx/ Entrada del lunes,
abril 29, 2013: “La
ley está de parte de los hombres hasta el final”.
sábado, 10 de agosto de 2013
No porque sea nube me vas a ver llover,
no porque la ventisca, me sienta diáfana
estoy hecha flor.
Yo también siento ese frío acalorado en las mañanas.
Mis piernas cándidas
han recobrado la corvadura desde que tu cuerpo no es próximo.
Tengo las raíces podridas, mis labios, pétalos
líneos que se entrelazan al rocío del tallo que toca tu boca.
así te recuerdo, de boca a boca;
Es el tango de los enamorados, y unos bailamos más que otros,
no me preguntes si te extraño, la pregunta es qué tan extraño me
resulta extrañarte.
no porque la ventisca, me sienta diáfana
estoy hecha flor.
Yo también siento ese frío acalorado en las mañanas.
Mis piernas cándidas
han recobrado la corvadura desde que tu cuerpo no es próximo.
Tengo las raíces podridas, mis labios, pétalos
líneos que se entrelazan al rocío del tallo que toca tu boca.
así te recuerdo, de boca a boca;
Es el tango de los enamorados, y unos bailamos más que otros,
no me preguntes si te extraño, la pregunta es qué tan extraño me
resulta extrañarte.
miércoles, 24 de julio de 2013
Meditación PosBeauvoir
"El feminismo radical existe por una unidad, la antipatía por el hombre es el germen de esta concepción. No importa el contexto, ni la cultura en la que esté la mujer. Esa antipatía ha sido la misma en la historia de la mujer, empezado con que siquiera es su verdadera historia. El hombre se ha empeñado en escribiría su historia. Ella no hace más que defenderse, pues quitarle la historia es cegar su presente."
-Yo.
-Yo.
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