jueves, 12 de julio de 2012


Hoy no quiere amanecer;
Y de inmediato pienso en ti; 
tus ojos ya deambulan por los subsuelo de lo abismal
ya es otra noche, otra noche sin un amanecer; de soledad, de ausencia
de una ausencia material, pero espiritualmente
inefable.

Las aguas no se han teñido rojas,  el cielo,
 bendito cielo color melancolía.
Los cerros estrepitados están diáfanos de nieve
e inmóviles.
El mar guarda silencio,
 Mientras, la luna te canta una tierna canción de cuna
Las estrellas, soldados de la noche,  hace un marcha fúnebre que te aleja del sueño.
ya no duermo, tú ya no sueñas ni despierto.


Y te das cuenta, cuenta de que te aferras a lo tangible;
en un intento fallido de alejarte de lo  espiritual. De lo que en realidad eres...
Eso que te da temor ser ya...

Ya no son tantas, si no miles las noches.
 Y tus ojos resguardan la agonía de los tiempos más tristes.
Los arboles en sus copas olvidan el invierno-¿tú cuando lo harás?- me pregunto, mientras miro tus ojos cansados…

Intento tocar tus manos, mientras el mar gélido brilla extenuante
y quema, quema como las palabras crueles al alma frágil, como la tuya.

Te arrastro a los ríos, en el intento de salvarte el espíritu.
Las aguas dulces... canoras de un escenario bucólico
en donde de nuevo, somos niños, y cosas como estas no importan.
Los días pasan, los tiempos cambia, nosotros somos los mismos. Y nada, nada
de esto importa.

¿Y tus ojos, tus ojos…? ¿dónde están tus ojos?



Todo es  culpa del grisáceo cielo.
A mi amigo Rubén. 

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