Entre labios la verdad quemas hasta el esternón
Las palabras pierden el soporte
Dejo de lado mi elocuencia Quintiliana
El dolor no conoce palabras.
Y cae mi lengua
En cenizas.
Se ahogan en la epiglotis.
Papilas gustativas exuberantes
Monarcas del sabor distintivo de tu boca
Paladines labios que anuncian sus guerras
Mi alma abierta,
bisturí enemigo.
bisturí enemigo.
Me mantengo alerta, epinefrina alterante de mi respiración
Dile adiós a la elocuencia de mis labios
Cerbero yace en esta boca.
Cuando lo mencionas muero, el silencio eterno
El corazón dilatante, el puñado arduo.
Delirante piso mi lengua en silencio
inefable, hipérbole descontrolada
Sí tan sólo mirara, si mirara tan sólo
los momentos de placer efímero en sus ojos
Al mirar tus pómulos rosáceos
Le corto el escroto,
bisturí enemigo
bisturí enemigo
El deglutir del esófago anunciando el vomito Verbal
incoherente, pandemias a la vitalidad
Cabellos que se enganchan a mis uñas
Relevante desesperación
Con sonrisa aparente, lasciva, mostrando los arduos caninos con galardón
Cuando el alma se pudre, todo mi esternón se quema,
y si muero, no fueron las palabras, fue la incisión de amor.
Bisturí enemigo.
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